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Cultura de paz, elegir sin miedo

Por: Daniel Ricardo Reyes Plata

 

En Colombia, cada elección es mucho más que un calendario de votaciones. Es un momento en el que el país se mira a sí mismo, se escucha, se contradice y decide. En medio de esa conversación nacional, la cultura de paz no puede ser un concepto lejano ni un ideal reservado para los acuerdos firmados en papel. Debe ser una práctica viva que se sienta en las calles, en las regiones, en los debates públicos y en cada recorrido de campaña. Hacer política en paz es, en esencia, permitir que la democracia respire.

 

Hoy el país se encuentra nuevamente en un escenario electoral para el Congreso de la República. Este proceso representa una oportunidad para fortalecer la confianza ciudadana y reafirmar que la diferencia de ideas es la base de la democracia, no una amenaza contra ella. La pluralidad política es un valor que enriquece el debate público y permite que las comunidades encuentren caminos de representación legítima. Sin embargo, esa pluralidad solo puede florecer en un ambiente de respeto, garantías y tranquilidad para todos los actores.

La cultura de paz en las elecciones no es una consigna abstracta. Implica, de manera concreta, que las campañas se desarrollen sin intimidaciones, sin presiones y sin violencias. Significa que cada candidato, candidata, líder social y ciudadano pueda expresar sus ideas y recorrer los territorios con la certeza de que su integridad será respetada. Significa, también, que las comunidades puedan escuchar propuestas y tomar decisiones libres, sin temor ni condicionamientos.

 

 

A los partidos políticos y movimientos ciudadanos, para que eleven el nivel del debate público y privilegien la argumentación sobre la descalificación

 

En este contexto, el llamado es amplio y responsable. A los partidos políticos y movimientos ciudadanos, para que eleven el nivel del debate público y privilegien la argumentación sobre la descalificación. A las instituciones del Estado, para que garanticen condiciones de seguridad y participación en todo el territorio. Y a los distintos actores que tienen influencia en las regiones, para que permitan que la contienda democrática se desarrolle con normalidad y sin interferencias. Facilitar el ejercicio libre de la política es, en sí mismo, una contribución a la estabilidad y a la confianza en las instituciones.

 

La paz también se expresa en el lenguaje. Las palabras que se utilizan en campaña construyen o deterioran el clima democrático. Cuando el discurso se vuelve agresivo o excluyente, se debilita la posibilidad de encuentro. Cuando se opta por el respeto, se abren caminos para la convivencia. Por eso, promover una cultura de paz en este momento implica cuidar el tono, reconocer la legitimidad de la diferencia y recordar que, después de las elecciones, el país sigue siendo uno solo.

 

Que estas elecciones al Congreso sean recordadas por la altura del debate, por la convivencia en medio de la diversidad y por la posibilidad de demostrar que Colombia puede tramitar sus diferencias con respeto

 

Promover una cultura de paz en las elecciones no es un gesto simbólico. Es una responsabilidad compartida. Es entender que la legitimidad de las instituciones se sostiene en la confianza de la ciudadanía y que esa confianza se fortalece cuando la política se ejerce sin miedo. Hoy más que nunca, el país necesita campañas que convoquen, que escuchen y que respeten. La paz también se construye en la forma como elegimos.

 

Que estas elecciones al Congreso sean recordadas por la altura del debate, por la convivencia en medio de la diversidad y por la posibilidad de demostrar que Colombia puede tramitar sus diferencias con respeto. La democracia se fortalece cuando la contienda se da en condiciones de seguridad y reconocimiento mutuo. La paz, en ese sentido, también se construye en cada voto, en cada conversación y en cada gesto de respeto hacia quien piensa distinto.

 

 

Desde la Comisión Legal de Paz, se insiste en la importancia de comprender que las elecciones son una oportunidad para consolidar una democracia madura. Una democracia que no teme a la diversidad de opiniones, que entiende la competencia política como un ejercicio legítimo y que protege la vida y la dignidad de quienes participan en ella. La tranquilidad en los procesos electorales es un indicador de confianza institucional y un mensaje de estabilidad para las comunidades.

 

Secretario de la Comisión Legal de Paz y Posconflicto Cámara de Representantes

 

 

 

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