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Mujeres en política: entre avances electorales y retos de visibilidad

Aunque en Colombia la participación de las mujeres como electoras es mayoritaria, la representación en cargos de elección y en espacios directivos sigue enfrentando barreras normativas y culturales

Por: Gregory Montenegro

 

La participación política de las mujeres en Colombia tiene un hito histórico claro: el reconocimiento del derecho al voto en 1954 y su ejercicio por primera vez en el plebiscito de 1957. Ese punto de partida, sin embargo, no resolvió el debate de fondo: cómo convertir ciudadanía electoral en representación efectiva y en presencia real en los espacios de decisión.

En la coyuntura reciente, la conversación se ha desplazado a un terreno más medible: comparar participación, abstención y resultados electorales para identificar dónde se amplían las oportunidades y dónde se mantienen las brechas.

 

Mujeres: mayoría del potencial electoral al Congreso en el 2018–2022

En las elecciones de Congreso, el potencial electoral muestra una constante: las mujeres representaron el 51,6 % de las personas habilitadas para votar tanto en 2018 como en 2022. En 2018, fueron 18.606.307 mujeres habilitadas y, en 2022, 20.031.855, manteniendo el mismo porcentaje frente al total.

Este dato es decisivo para la lectura democrática: cuando la mayoría del electorado es femenino, la representación deja de ser un asunto marginal y se convierte en un indicador de apertura institucional y de calidad de la competencia.

 

Participación: una tendencia sostenida, y una abstención menor

En 2018, votaron 9.618.944 mujeres, equivalentes al 51,7 % de su potencial electoral (abstención femenina: 48,3 %). En 2022, participaron 10.195.506 mujeres, equivalentes al 50,9 % de su potencial, hubo una abstención femenina  de 49,1 %.

El informe concluye, además, que en 2018 y 2022 las mujeres, como electoras, superaron la participación de los hombres y representaron aproximadamente el 54 % del total de votantes, mientras los hombres registraron, en general, mayores niveles de abstención.

 

Del voto a la curul: qué cambió en las dos últimas elecciones

En términos de representación, el salto entre 2018 y 2022 es verificable:

En el Senado, las mujeres electas pasaron de 23 en 2018 a 32 en 2022.

En la Cámara de Representantes, pasaron de 32 en 2018 a 55 en 2022.

La lectura institucional es doble. Por un lado, hay avance. Por otro, el crecimiento no elimina automáticamente los obstáculos de acceso: no basta con aumentar la participación si las condiciones para competir (financiación, seguridad, ubicación en listas, redes de apoyo y exposición mediática) siguen siendo desiguales.

 

Reglas de juego: la cuota y sus brechas territoriales

El informe registra que en las elecciones al Congreso de 2018 y 2022 se aplicó la cuota del 30 % de participación política en candidaturas; sin embargo, su alcance territorial no fue homogéneo. Se precisa que la cuota aplicó en 13 departamentos y Bogotá, y no aplicó en 19 departamentos ni en las circunscripciones indígena, afrodescendiente e internacional.

Este diseño tiene implicaciones directas: en territorios sin cuota, la oferta de candidaturas puede verse más limitada y, en consecuencia, la representación tiende a ser más difícil de alcanzar, incluso si la participación de mujeres como electoras es alta.

 

Representante Jennifer Pedraza

 

Dos voces del Congreso: visibilidad y violencia política

Además de las cifras, la discusión sobre representación incluye una dimensión menos cuantificable: la visibilidad y el trato que reciben las mujeres en el debate público.

En un video publicado en Instagram, la representante Juana Carolina Londoño Jaramillo del Partido Conservador Colombiano, por la de circunscripción Caldas, cuestionó la manera en que se narran las disputas internas cuando hay mujeres en contienda y afirmó: “Hay otra candidata y es una mujer”, señalando que con frecuencia las mujeres quedan “detrás del telón” mientras se amplifican disputas masculinas.

Por su parte, durante una intervención en plenaria, la representante Jennifer Pedraza, de la Coalición Centro Esperanza, por Bogotá, planteó que aun con avances, persisten barreras que desincentivan la participación política femenina, especialmente por la hostilidad del debate y las dificultades de campaña. En su reflexión, subrayó que “aprobar la paridad es un paso fundamental”, pero insistió en que el reto es romper la barrera cultural y la violencia política para que más mujeres no solo se postulen, sino que ganen.

Leídas en conjunto, ambas voces apuntan a un mismo núcleo: el aumento de curules es importante, pero las condiciones simbólicas y materiales de competencia siguen definiendo quién logra convertirse en opción real de poder.

 

 

 

Un canal institucional: Comisión Legal para la Equidad de la Mujer

En el Congreso, la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer opera como espacio interparlamentario de articulación y seguimiento. Entre sus funciones se encuentra servir de interlocutora de organizaciones y grupos de mujeres ante las ramas del poder público y tramitar observaciones y propuestas relacionadas con los derechos de las mujeres. Asimismo, cuenta con atribuciones para establecer alianzas con organismos nacionales e internacionales y con entidades públicas, privadas y organizaciones no gubernamentales.

En un contexto de crecimiento de representación (2018–2022), este escenario institucional cobra relevancia para acompañar debates sobre paridad, fortalecer garantías para la participación política y canalizar propuestas desde los territorios.

El desafío, hacia adelante, es reducir la distancia entre participación y poder institucional, combinando reglas de inclusión, garantías para competir y condiciones de debate que no desincentiven la presencia de mujeres en la contienda. En esa transición, la institucionalidad del Congreso y la responsabilidad de los partidos en la selección y promoción de liderazgos serán determinantes.

 

Representante Juana Carolina Londoño Jaramillo

 

 

 

 

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